Carta erótica de Lenin (Ecuador)

¡Hola! ¿Cómo estás mi españolita? Espero que bien.

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Lujuria en el Hotel

Te voy a contar lo que me pasó una vez estando en Ecuador dónde había ido de vacaciones. Me estaba tomando unas cervezas con unos amigos y conocí a una muchacha. Desde que la vi, me impactó mucho y comenzamos a charlar. Me preguntaba muchas cosas, nos pusimos toma y toma en la conversación. Le pregunté cómo iba a llegar a casa si iba tan bien tomada . Me dijo que su mama le iba a pegar y le propuse: «Qué te parece si te llevo a un hotel, duermes, te recuperas y te despierto. Te juro que no te hago nada.» Lo aceptó, cogí y la llevé, pero cuando llegamos al hotel se arrepintió. Le dije: «Anda entra, ya te he dicho que no te voy hacer nada.» Me dijo que ok.

Subimos y se acostó. Pedí dos cervezas y se tomó la mitad. Estaba bellísima acostada, totalmente inocente con una mini falda y unas medias negras. Se la veía como una diosa. Yo estaba a millón y empecé a besarla. Ella sólo me susurraba: «Déjame, no me beses.» Y comencé a acariciarla. Le cogí las lindas tetitas, bajé la mano y sentí un volcán que ardía. Le dije al oído: «Qué rica que estás, ¿no será un sueño?» Ella no me decía nada. La besé en los labios, que estaban como una esponja. Le desabroché la blusa y comencé a besarle los pezones delicadamente. Se los remordía, me los comía poquito a poco, y con la mano le sobaba la concha hasta que le bajé la mini y le saqué las medias.

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Por un momento quise actuar rápido pero ese tremendo pastel tenia que comérmelo lentamente... Hasta que le saque las medias. Pero nunca dejé de hacerle mimos, así que la tenía bien prendida. Estaba poniéndose tan caliente que le saqué las medias y luego el tanga. La tenía sólo para mí. Ella tenía los ojos cerrados. Hice que me cogiera la paloma y que me la sobara. Mientras me la acariciaba con los dedos se la puse muy suavemente en la boca. ¡Era el mejor helado que había chupado en su vida! Me la estaba mamando tan bien que me iba a correr pero aguanté. Así que la saqué y empecé a mamar su chepita olorosa. Le metía la lengua hasta el fondo, hasta que ella gritaba. Le mordía el clítoris muy suavemente. Estaba tan rico, era como una esponja. ¡Qué rico! Le pasé el pene por las tetas y después le mamé el coñito. ¡Aún gritaba más! Cuando la tuve bien abierta le pasé el pene durante unos 15 minutos por el clítoris. Con la punta le abría los labios de arriba abajo. Gritaba que se lo metiera. No lo hice, aún. Le lubriqué el coño con la lengua hasta que se abrió del todo. Le metí la punta y gritó. Tenía la chepita hirviendo. Se lo iba meneando suavemente, pero ella me decía que le diera fuerte y comenzó a masturbarse con mi pene. ¡Qué momento estábamos pasando juntos! Al final se corrió pero continuamos probando en diferentes posiciones. ¡Qué pasada! Estaba que explotaba.

Espero que te haya gustado y que me escribas sobre alguna de tus masturbaciones. Hasta pronto.

Lenin 16 de Septiembre 2001

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