Una escuela de BDSM... entrevista con:
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Dómina Zara
Lees la palabra "escuela" y piensas en muchas cosas. Pero si le añades BDSM la mente se dispara. Y se rebela.
¿Incredulidad? Quizás. Pero cierto es que la escuela de Dómina Zara ser demuestra ser lo que dice que es: una escuela de sadomasoquismo en todas sus formas y de transformismo.
Es, realmente, una escuela. Una escuela donde cada asignatura tiene su sala y las clases y los alumnos se simultanean y se cruzan. Donde todos los alumnos tiene la misma maestra: Dómina Zara.
Dómina Zara quien supervisa el lustro que saca un esclavo, desnudo y con los testículos atados, a sus botas.
Dómina Zara quien descansa sus pies sobre la espalda de otro esclavo, arrodillado y con un arnés, mientras ella contesta sus e-mails.
Dómina Zara quien regaña a las alumnas que hablan en voz demasiado alta.
Dómina Zara cuya mano besan todos al saludar o despedirse de "la Señora".
En la escuela las alumnas a esclavas llevan cofia y sexos rasurados bajo los delantales mientras friegan la jaula de hierro o limpian un traje de goma tras una sesión de asfixia suspendida. Son tareas necesarias entre las sesiones practicas donde estas discípulas del dolor ponen al limite su aguante con Amos o Amas invitadas y bajo la supervisión de Dómina Zara.
En la escuela las aprendizas de Ama aprenden el difícil arte de la dominación. A como provocar dolor sin lesionar y sin dejar marcas; a humillar con actos y palabras.
Ante el inmenso espejo de la sala de maquillaje aprenden hombres hechos y derechos a transformarse en atractivas mujeres para luego llegar a saber como ponerse medias y ligues y andar con tacones altos.
Visitar la escuela BDSM de Dómina Zara provoca una curiosa sensación de paz en los no iniciados. Una se sabe ajena a toda esa intensa fantasía, pero a la vez acepta formar parte del juego; agradece el masaje en la nuca de un esclavo o el sincero beso en la mano de otro.
La escuela de Dómina Zara es como el Instituto de Enseñanza Superior de la transformación, de la sumisión y de la dominación. Para sus alumnos es una fantasía hecha realidad; protagonizan un autentico juego de rol.
Para los visitantes, como yo, es el cerrojo por donde vislumbrar las fantasías mas intimas de algunos de mis conciudadanos.
Sylvia Paradis