Sado-masoquismo...
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¡Qué dulce placer!
Como diría algún editorialista: ¡el sexo lo invade todo! Tanto que los dulces ya no sólo sirven para dar sabor a los preservativos o untar mermelada en chochetes sino tampoco los pasteles son lo que eran. Ya no sólo engordan o preceden la noche de bodas...
En una típica pastelería afable y familiar del centro de L’Hospitalet, cerca de Barcelona, conviven en total harmonía croissants y pasteles de merengue y Pato Donald con réplicas de sexos femeninos abiertos en bizcocho y trufa o vergas erectas en mazapán. Y no se trata de ningún acto de reinvidicación de nada sino tan sólo son algunas muestras modositas del arte dulzón y cachondísimo de José Luis Aguilera. Porque en la “Pastelería Masnou”, él y su hermana Loli entregan pasteles y figuritasde mazapán por encargo... ¡y la mayoría de los encargos son eróticos en general y sado-masoquistas en particular!
“Llevamos desde el ’92 haciendo este tipo de pasteles. En un principio fue para un restaurante erótico, pero ahora hay muchos encargos particulares. Cuando empezábamos no los exponíamos en el escaparate, porque no sabíamos cómo reaccionaría el vecindario, pero una dependienta, por error, puso uno de ellos en la ventana y la gente se divertía mucho”, nos explica Loli.
De hecho aprendió José Luis el arte dulzón preparando pasteles personalizados “decentes”. Que si un escudo de un equipo de futbol, logotipos de empresa o un ordenador, un piano o una guitarra. Incluso una vez construyó una cámara de fotografía tan grande que, una vez lista, no pudo salir del taller y se vió obligado a recortar los cantos de chocolate hasta hacerla pasar por la puerta.
Pero hoy por hoy su especialidad es muy distinta. Porque las figuritas de mazapán son muy detalladas:
“Al comenzar eramos más tímidos, las figuras menos explícitas, pero un día vino una vecina e insistió en que el sexo de la chica tenía que estar abierto, ¡muy abierto!, e incluso trajo dibujos de una enciclopedia, para evitar errores, y desde entonces todas los quieren así.”
Aseguran que su clientela sabe muy bien qué es lo que quiere. Como esa pareja gay que quiso “una tarta nupcial pero sólo con pichas” o los amigos de una pareja de novios, también gays, que encargó un pastel “con canínula incluida para que pudieran accionar una pequeña bomba y hacer que se corría con chocolate fundido sobre el típico pastel de varios pisos”...
Sin embargo, lo más destacable de los pasteles de la “Pastelería Masnou” es su dulce sado-masoquismo. Porque las escenas en mazapán son auténticas esculturas, unas virguerías personalizadas según el pedido. El día de nuestra visita nos muestran un esclavo tendido sobre un potro, “sufriendo” mientras su perrito le compadece con la cabeza ladeada y otro escenario es una cocina de miniatura donde una mujer-caballo se arrastra a cuatro patas (como todos los caballos) mientras su amo-marido le lleva las riendas bien cortas.
Los pasteles más grandes, con una base de bizcocho, con trufa o mermelada, están cubiertos por mazapán y/o turrón, según gustos, y tienen también las más diversas formas. Unas tetas con piercing, un sexo con el clítoris perforado o unos testículos con anillas... todo muy sensual y con un dulce realismo.
“Dibujo todo con aerógrafo, con pintura comestible”, nos cuenta José Luis, mostrándonos todos los artilugios y la minuciosa labor detallista. “Creo que todo el mundo tiene un poquito de Marqués de Sade dentro y la estética del mundillo sado-maso y del fetichismo gusta mucho. Y los pasteles personales y especiales son cada vez más populares entre nuestra clientela.”
Tan populares, de hecho, que ya buscan la manera de poderlos enviar a otros puntos del país –y fuera de él- porque las peticiones, a veces, vienen de lejos.
Pero, reflexionamos nosotros, costando lo que cuesta un croissant hoy en día... esas pequeñas obras tan especiales deben resultar prohibitivas para un bolsillo normalito. ¡Sorpresa! Porque Loli nos asegura que los precios máximos rondan las 7.500 pesetas. “Eso, para cosas tan complicadas como las figuritas del masoca. El de la cocina, en cambio, unas 6.000. Y si se trata de un pastel para unas 10 personas, una picha o unas tetas, el precio suele ser de unas 4.000, más o menos.”
Un lujo francamente asequible y en absoluto tan doloroso como las escenas retratadas por las golosinas.
Aseguran los hermanos Aguilera que los dulces son “cosa de mujeres”. Porque “los chicos entran nerviosos, tartamudeando, están como avergonzados y hay que preguntarles directamente ‘¿Quieres un pastel erótico?’ y sólo entonces se relajan y piden. Las chicas, en cambio, van al grano: “¡Quiero algo así!” Y son las más innovadoras, las que más proponen y más ideas aportan”, explican.Alejandra García