CARTAS DE LOS LECTORES
![]()
EL PODER SEXUAL DE LA MUJER
Sabemos que el instinto sexual es uno de los más poderosos, después de la hambre y de la sed “normales”. Y, desde luego es mayor el poderío sexual que no el político. Y la mujer que tenga a su hombre por las “pelotas” sabe que lo tiene cogido y bien cogido mientras sepa mantener ese poder.
Y es sobre los detalles de ese poder que hablaré en este artículo...
Cuando el redactor jefe me llamó para encargarme un artículo sobre el Poder Sexual de la Mujer pensé en cuántas veces había sabido usar y activar esa fuerza para cumplir diversos propósitos. Desde pasar delante de algún varón en el supermercado hasta un coche nuevo, sin obviar, por supuestos, innumerables cenas de cinco tenedores; joyas varias; un Rolex de oro y un libro de familia.
Pero que nadie confunda el “poder sexual” como sinónimo del verbo “follar”. No, porque las mujeres más astutas y hábiles saben usar el poder sexual con mucha anticipación antes de llegar a abrirse de piernas... si es que las llegan a abrir.
Una de las teorías acerca del poder sexual femenino es que las mujeres no son víctimas de una sociedad patriarcal sino, al revés, que han creado esa misma situación para extender una versión oficial de ser ciudadanas de segunda clase, que ganan menos dinero; que están subestimados en arte y cultura. Pero, en contrapartida muchos hombres aseguran que, por el contrario, su posición en la sociedad es altamente preferencial. “Primero mujeres y niños” es un dicho que no sólo sirve en el Titanic. También alegan algunos que es más fácil para una mujer salir absuelta de una acusación de asesinato que no para un hombre porque bajo la defensa de “malos tratos previos prolongados” se pueden producir fallos sorprendentes. Y sí es real que está aceptado que la mujer viva de los ingresos de su marido y que, en casos de divorcio es mucho más frecuente que ella obtenga custodia de los niños y una pensión más o menos generosa que no a la inversa. Y quién no ha oído la frase “en casa los pantalones los lleva ella”. Porque sí, las mujeres saben hacerse con el poder. Sexual y social.
Para las mujeres el juego de seducir, tentar, flirtear y, también, amar y fornicar, se convierte en un ritual refinado y sutil, a veces; franco y descarado otras. El poder sexual es como una baraja de cartas... donde todas las cartas son Ases o Comodines.
EL VESTIR
Naturalmente no tiene toda la ropa el mismo estimulante y poderoso. Pero, sí, muchas vestimentas son clásicas por lo que empezaremos por citar algunas de las más típicas. Como por ejemplo el liguero, la ropa interior de encaje negro, medias de seda con costura, tacones vertiginosos. O los evidentes, por lo que evidencian: mini-faldas, escotes más allá de la generosidad, blusas transparentes, etc.Luego tenemos las extravagancias. Desde que Eva se tapó el sexo con una hoja las mujeres han gastado tiempo y fantasía en pensar en nuevas y distintas maneras de atraer y complacer al varón. Desde el elegante vestido de noche o el atrevido bikini hasta el disfraz de chacha, las calcetas de colegiala, el corpiño de la cortesanas, las esposas de la esclava sumisa o el látigo de la ama. Mil disfraces para mil juegos en las etapas más variadas de la seducción.
VICIOS
A la mayoría de las mujeres -en contra de la teoría de muchos chistes machistas- nos gusta el sexo. El buen sexo. El sexo con todos los ingredientes. Incluido el juego. Los juguetes eróticos como vibradores, bolas chinas y muchos otros son muy populares entre las mujeres, como afirma Adeline Aránega, propietaria de la “Juguetería para Adultos Kitsch”, en Barcelona. “Las chicas saben muy bien lo que quieren y no se cortan en absoluto al pedir explicaciones, preguntar precios etc.”
Y muchas prácticas sexuales, “vicios”, populares demuestran preferencias comunes para ambos sexo. Mamar una buena polla y mordisquear unos huevos es un delicatessen al que relativamente pocas féminas hacen asco. Atrevidas caricias o sexo consumado en lugares públicos son “deportes” practicados por muchas mujeres. Puede que la penetración anal no sea la primera elección pero en muchas camas es otra especie añadida de vez en cuando para variar la dieta sexual.Pero, todo esto son cosas sabidas y comprobadas. Entonces, ¿cómo descubrir más sobre esta arma espiritual y carnal? Pues preguntando a víctimas y verdugos. A ellos y a ellas.
Tanya tiene 27 años, trabaja de camarera en un chiringuito de la Costa del Sol, donde la vestimenta de trabajo es sujetador y un pañuelo atado a modo de mini-falda muy reveladora. Los hombres que componen la mayor parte de la clientela comen sus curvas sin el menor disimulo. Y ella lo sabe. Sabe que su cuerpo es como miel para tanta mosca.
“Precisamente creo que el auténtico feeling guay está en saber que puedo permitirme el lujo de elegir. O no elegir. Constantemente estoy haciendo un papel u otro. Hay días que me siento muy niña, pues juego a eso, a ser infantil. Otros soy más mujer fatal, más sofisticada y distante, jugando a la intriga. Y luego hay días que me siento guerrera; que casi enseño todo, flirteo a lo salvaje con diestro y siniestro. Incluso soy capaz de cogerle a alguno directamente por los huevos, literalmente hablando. Creo que el auténtico poder nuestro está allí, en poder jugar con los hombres. De un modo u otro, pero jugar. Siempre el juego. En la cama y fuera de ella.”Carlota vende seguros de vida en una gran multinacional, puerta a puerta, en las ciudades periféricas de Madrid. Siempre viste trajes sastre clásicos, con la falda hasta la rodilla, la blusa bien abotonada hasta el penúltimo botón. Uñas rojas, labios perfilados y rimmel abundante son sus más externos señales de la seductora que esconde bajo la tela. Y no es difícil adivinar que más de uno firma contratos seducidos por sueños inalcanzables. O no.
Ella lo confiesa tras vacilar bastante.
“No creo que venda pólizas usando mis armas de mujer, pero claro, supongo que no perjudican, tampoco... Alguna vez, pero pocas, he sentido mucha atracción por alguien y la firma se ha celebrado con una rúbrica adicional, de otra pluma. Incluso una vez llegué a dejarme seducir por un matrimonio. Fue una típico visita, para empezar. Pareja de cuarenta y tantos, clase media-alta, casa pareada, dos hijos pero ausentes. Discutimos la póliza sentados en el tresillo, ella y yo en el sofá, él en sillón. En algunos momentos se inclinaba la mujer hacia mí, bastante más cerca que lo necesario incluso para una chica muy miope, en otro tocaba mi pierna. Preguntaban y preguntaban; me hacían repetir las explicaciones del rendimiento una y otra vez. Se hacía tarde; me ofrecieron una copa. No lo tenían claro. Dudaban. Y entonces, un poco harta, desplegué toda la artillería, ligué de un modo bastante descarado con los dos. Hace tiempo que sé que soy bastante bisexual. Y de aquella maniobra no sólo saqué una póliza muy rentable sino también una noche genial, con mucho sexo oral, anal y todas las demás variaciones imaginables. Fue una noche loca y, desde luego, la decisión final fue mía, sólo mía. Quería conseguir esa póliza y no me parecía mala propina si incluía un revolcón a tres bandas. ¿Poder? Supongo. Pero no lo uso a menudo.”Dómina Zara, ama profesional de Barcelona, asegura que el poder sexual es, efectivamente, una de las armas más importantes: “Las mujeres tenemos que demostrar nuestra valía, no permitirnos pérdidas de autoestima. Tengo más esclavos que esclavas y aunque realmente el juego de sumisión/dominación a menudo es sólo mental en muchos momentos sí existe un componente sexual indiscutible en la sumisión del hombre a una mujer.”
Joaquín se declara víctima excepcional de las artimañas de las que son capaces las mujeres. El trabaja de informático en uno de los bancos más poderosos del país, pero tan potente es su dominio sobre los números binarios como impotente ante una mujer que decide algo.
“No es que sea tonto, pero cuando noto como una mujer se parece interesar por mí me derrito, soy como plastelina en sus manos. No sólo por conseguir un polvo, sino también emocionalmente. Ellas, si saben encontrar mis botones emocionales, dispararán a matar, siempre. Me parece injusto que sea tan débil; que no me sepa rebelar ante sus deseos. Y mis botones son tan sencillos, tan obvios como ellas cuando deciden actuar. Una mini-falda que revela la costura superior de una media; un jersey dos tallas demasiado pequeño... Me he gastado muchísimo dinero en copas, cenas y regalos. Eché a perder mi matrimonio por fugarme un fin de semana con una furcia con corpiño de cuero y boca succionadora y así siempre. Cada vez que caigo juro que no volverá a suceder; que no podrán atraparme... Pero pasa una y otra vez. ¡¡¡Ya lo creo que saben usar el poder sexual!!! “José Manuel, en cambio, es rotundo en su respuesta, admitiendo que él también juega. “Yo creo que es muy simple: La mujer siempre ha tenido la obligación, desde pequeña, de decir ‘no’. Y el hombre lo sabe y se trata, pues, para el hombre, de vencer ese ‘no’. Existe en nuestras vidas un miedo real y por lo tanto es importante la necesidad de vencerlo. Y como el hombre tiende a vivir, para ello aprende a vencer los obstáculos.”
Luego, para concluir el exhaustivo estudio llevado a cabo para poder escribir este artículo, decidí darme una vuelta por un bar muy popular del puerto, donde pude comprobar, en carne y espíritu propios, que, definitivamente, el poder sexual de la mujer, existir, lo que es existir, ¡existe! Tanto que, cuando finalmente me dejé vencer, rindiéndome a los encantos de un representante del sexo opuesto extraordinariamente bien dotado, sonreí satisfecha mientras su gruesa broca derribaba los últimos vestigios de mi poderío.
Julia Liber