CARTAS DE LOS LECTORES

Las Víctimas de la Violencia Sexual.

 

Tras leer el excelente reportaje publicado el pasado domingo, quisiera expresar mi modesta opinión sobre la posible recuperación (en parte) del trauma que supone la violación. Soy la primera en reconocer que es muy difícil de superar pero creo, según experiencia propia, que uno de los caminos importantes hacia la reconciliación con una misma pasa por reconocer que esa experiencia ocurrió, admitirlo e, incluso, comentarlo.

Soy consciente de que el delito de violación supuestamente debe acallarse y sufrirse en silencio, pero, también, creo que todo ese silencio y el tabú que rodean este tipo de delitos sólo ayuda a que sean muchas, creo que muchísimas, las violaciones que pasan totalmente impunes.

El momento de la denuncia no es nada agradable, los mismos policías parecen recrearse en pedir una y otra vez la descripción de los detalles más escabrosos, pero es necesaria. Personalmente he sufrido dos violaciones y sólo denuncié una (hoy me arrepiento de no haber, al menos, intentado pedir el castigo también para quien cometió la primera) pero sigo pensando que hasta que las víctimas -¡nosotras!- no empecemos a llamar las cosas por su nombre -“he sido violada”- esas miradas de “curiosidad” que menciona el artículo no cesarán. Creo que se producen, precisamente, porque “de violación no se habla”. Quien es atracado en el cajero automático; quien se rompe un pierna esquiando o estrella el coche en un muro, es el centro de la conversación mientras los delitos de violación no se han de comentar ni mencionar en público.
 

No somos nosotras las culpables ni hemos de avergonzarnos de nada; no tenemos porque callarnos como si lo así fuera. No digo que se expliquen en detalle para deleite de morbosos, pero sí que seamos nosotras mismas, las víctimas, quienes nos rebelemos contra las “normas” y seamos capaces de decir, abiertamente, “he sido víctima de una violación”. Hasta que ese tipo de frases no se conviertan en algo posible de pronunciar -¡y de escuchar!- el silencio nuestro y de la sociedad permitirá que demasiados criminales anden sueltos.

El violador es un criminal. La mujer es la víctima. Digámoslo alto y claro, por muy desagradable que resulte para quienes prefieren que el silencio borre las huellas de las vejaciones.

Yo de momento, estampo mi firma.



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