Esta es la gran historia de dos grandes amigos de infancia, Roberto y Simón, y respectivamente casados con Raquel y Susana, que después de muchos años sin verse, de manera fortuita en una convención de ingenieros (ambos graduados de Ingenieros) logran encontrarse de nuevo. Al verse ambos sintieron la gran emoción de verse de nuevo después de muchos años sin saber el uno del otro, por lo que charlaron por espacio de 20 minutos, y ambos próximos a salir de vacaciones, planifican compartir más en familia ese encuentro en unión de sus lindas y jóvenes esposas.
Cuando ambos ingenieros y amigos se encuentran en sus respectivos hogares haciendo del conocimiento de sus respectivas esposas, ambas quedan conforme con la idea de compartir y hacer un acercamiento para fomentar dicha amistad, por lo que aceptan la idea.
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Al llegar el día del encuentro de ambos matrimonios, se encuentran con la gran sorpresa de que las esposas habían sido novias de adolescencia de la otra pareja recíprocamente, es decir Raquel había sido novia de Simón y Susana había sido novia de Roberto. Sin embargo esta sorpresa la compartirían posteriormente. Habían alquilado en las afueras de la Ciudad un lugar especialmente diseñado para ser estricto con la privacidad. Habían alquilado una cabaña para ambas parejas y dicha cabaña distaba de la más próxima a 2 kilómetros por lo menos, las horas restantes de ese día transcurrieron en charlas del pasado y de los arreglos que se debían hacer.
La Cabaña tenía 2 habitaciones, una al lado de la otra. Esa noche, después de una agradable velada, los jóvenes matrimonios (Raquel tenía 22 años y Susana 23 años), fueron a sus respectivas habitaciones y dieron rienda suelta a un gran momento sexual, pero en las mentes de cada pareja imaginaba cada quien a la otra pareja que se encontraba en la otra habitación y como los sonidos y gemidos eran exagerados debido al éxtasis que cada quien se provocaba, pero aumentaba este éxtasis que cada quien imaginaba a la pareja contraria, por lo que aquella noche en realidad no durmieron.
Al día siguiente se prepararon para hacer un largo día de campo, llevaron bicicletas, comida para preparar y hasta varias botellas de un buen wisky escocés. Practicaron voleyball; nadaron en una laguna cercana lo cual constituyó el preámbulo del deseo de las esposas respectivamente por parte de cada viejo amigo. Sin embargo, por el respecto de la vieja amistad y el acondicionamiento social, se mantenía una barrera no muy fuerte y sólo se atrevían a verse con cierta ansiedad recíproca. Pasadas las horas y ocultándose el sol, se dispusieron a preparar la cena para la cual tenían preparado un suculento pollo a la brasa y demás aperitivos, acompañado de 4 botellas de un buen Whisky. Así transcurrían las horas nocturnas, las cuales mientras avanzaba la noche y con los deseos reprimidos y el Whisky se iba eliminando poco a poco esa barrera que los cohibía de expresarse el amor que se sentían las parejas una con la pareja de la otra, por lo que al son de la música Roberto sacaba a bailar a Susana y Simón invitaba y era aceptado por Raquel.
Los bailes, cada vez más prolongados, y cada vez más pegados, hasta llegar el momento que no era suficiente con las miradas, sino que intencionalmente cada hombre tocaba a cada joven y linda esposa del otro ya no con el sentimiento de saber que era la esposa del viejo amigo, sino que aparte de lo buena que estaban la miraba como tratando y buscando de sastifacer un deseo que despertó años atrás, por lo que en los bailes, ya las esposas se encontraban al borde del deseo sexual, se habían quitado las blusas y usaban unas minifaldas que dejaban ver sin mucha dificulta sus adorables dotes. Sin embargo, sin darse cuenta por la euforia que tenían, cuatro hombres fuertemente armados se acercaban silenciosamente hasta las parejas quienes con la música el frenesís y el Wisky difícilmente se podrían dar cuenta del acercamiento de los cuatro hombres cada uno por un costado.
Es así que cuando los hombres ven que sus presas están a la distancia que les garantiza que no se van a escapar los abordan y les plantean que son objeto de un secuestro. Roberto por un momento estuvo a punto de agarrar una pistola que tenía cerca, pero uno de los delincuentes se adelantó al movimiento y le planteó que ni pensara, que recordaran que ellos no serían los primeros o últimos en morir al intentar algo semejante. El delincuente les dijo “¿Qué es una raya más para un tigre?”, por lo que se portaban bien todo saldría bien sin heridos o muertos.
Las jóvenes parejas son llevadas a una camioneta van y se les venda los ojos y se les explica que por cada uno de ellos deberían pagar $ 3.000, lo que hace un total de $ 12.000. Inmediatamente Roberto y Simón intercambian palabras y le ofrecen a los secuestradores el pago en Cheque con tal de que los dejaran libres. Los secuestradores les dicen que haga el cheque y una vez que lo hacen y entregan, pero uno de los secuestradores les dice “Ustedes quedan retenidos hasta tanto hagamos efectivo este cheque, una ves que lo cobremos los dejaremos libres”.
Es así que son llevados a un hangar distante a unos 40 kilómetros del lugar del secuestro, son introducidos a una habitación con 2 camas matrimoniales, y un baño con pornografía pegada en afiches en la pared. Les habían colocado un televisor pero con pura película Pornográfíca.
Esa noche igualmente no pudieron dormir por las dudas que les sembraban los secuestradores, pero igual se habían excitado demasiado y ahora dormirían juntos en una habitación pero dada las condiciones no podrían dar rienda suelta a esos deseos reprimidos.
Al día siguiente les envían el desayuno con dos hembras pero señoras hembras. (Mulatas prototipo de los carnavales del Brasil.) Las respectivas esposas sienten unos celos que son controlados porque siempre había a la vista 2 hombres armados tipo Rambo. Las mulatas con un escote que dejaba ver con claridad las 2 poderosas razones de cada hembra y una minifalda sin que llevase pantaletas abajo y en cada movimiento de agacharse trataban que les vieran el coño a plenitud, En realidad Roberto y Simón les costaba mucho esfuerzo no poder apreciar lo que la madre naturaleza había dotado a aquellas hermosas mujeres. Así transcurrió el día y tanto en el almuerzo como en la cena las mulatas hacían un sexual baile dejando a los pobres Roberto y Simón súper-excitados y a sus lindas esposas súper-enfadadas.
En realidad la cena contenía un adormecedor, por lo que quedaron anestesiados prácticamente, al día siguiente al despertar se dan cuenta de una realidad poco usual: todos estaban sujetos a estructuras de madera muy peculiares. Las jóvenes esposas estaban boca abajo sobre una especie de mesa las manos estiradas donde al final de la mano izquierda era amarrada a la mano del amigo. Es decir, Susana tenía su mano izquierda amarrada a la mano de Roberto de tal manera que pudieran transmitirse sus emociones y sentir a través de las manos y la mano derecha de Susana iría unida a la de su esposo Simón. El resto del cuerpo de Susana era obligado a estar inmóvil donde las piernas quedaban abiertas y dejando mostrar a plenitud su hermoso coño, por otro lado Roberto estaba sujeto a una estructura de madera boca arriba y su mano derecha estaría unida a la de su esposa Raquel, quien a su vez estaba en la misma posición de Susana. Raquel tenía su mano izquierda unida con la mano izquierda de Simón, hacían prácticamente un cuadrado.
Suana Roberto
Simon Raquel
Al despertar se dan cuenta de que están completamente desnudos. Raquel y Susana montados en un tipo de mesa permitiendo a cualquiera penetrarla por detrás como le diera la gana. Todos tenían las manos unidas para que sintieran la experiencia que iban a tener cada uno,. Ya en esta situación cada pareja aprovechaba la oportunidad de observar al otro con el que había tenido sentimientos reprimidos y ahora podían verse totalmente desnudos y disfrutaban de ello.
Lo primero que apareció a la vista de Roberto y Simón eran las dos despampanantes mulatas que le habían llevado el desayuno, almuerzo, cena y ahora le traían algo mejor. Con los mismo escotes y minifalda les hacían un baile sexual y el cual les demostraba que iban a serles infiel a sus respectivas esposas por dos razones: la situación lo planteaba así, y así ambos querían que sucediera. Las dos lindas exuberantes mulatas hacían un ejemplar trabajo tan espectacular que las esposas no sabían y no podían hacer nada en absoluto, sino sólo ver como aquellas mulatas se metían las dos mandarrias de sus esposos que con el tongoneo y movimientos de las mulatas parecían que iban a estallar. Las mulatas deciden y se sientan y se introducen las respectivas vergas hasta el fondo haciendo movimiento de subir y bajar constantemente hasta hacer que Roberto y Simón eyaculen como medio litro de leche.
Las mulatas toman con la mano un poco y se la colocan en los labios de las jóvenes esposas, los esposos tratan de no ver a sus esposas pero sí ver a la pareja contraria. Es decir, Roberto sí buscaba la mirada de Susana y Simón buscaba la mirada de Raquel y respectivamente ellas con ellos. Es como así las mulatas hacen llegar a Roberto y a Simón por lo menos tres veces. Cuando están llegando a la tercera vez, aparecen cuatro hombres igualmente con cuatro vergas tipo toro rozándoles las vergas a la nalgas de Susana y Raquel que, desconcertadas, no sabían sus cuerpos como reaccionar. Estaban excitadas y la posición en que estaban no iba impedir que las penetraran. Mientras todavía las mulatas estaban encima de Roberto y Simón ellos veían como sus esposas las iban a penetrar con unos penes tres veces más grandes que los de ellos. Así que sin más preámbulos los hombres sin pensar mucho, percatándose de lo excitadas que estaban las muchachas, empiezan uno a uno a penetrar a aquellas lindas jóvenes, pero la furia del ataque era tal que los gemidos se podían oír a una cuadra, lo que hacia un tremendo desconcierto, rabia e impotencia en los esposos. Los sementales les harían ver estrellas a Susana y a Raquel. Inmediatamente son dormidos por un tipo de anestésico.
Cuando despiertan sus ojos ven con terror de que ahora están en estructuras similares en las que están sujetas sus esposas, ahora están ellos igual que sus esposas, acostados boca abajo, y con las piernas abiertas y sin poder hacer nada, entran nuevamente las dos mulatas de siempre e inmediatamente se ponen sobre las espaldas de Roberto y Simón, y empiezan a besarlos y a masturbarlos con una tremenda mamada de huevo pero, simultáneamente, las exuberantes mulatas empiezan a sobarlos desde la espalda, pasando entre sus piernas pero con bastante vaselina y este procedimiento continúa hasta hacerles parar sus penes. Pero, de repente Roberto y Simón se dan cuenta de que les ponen demasiado glicerina en la entrada del recto. Ahora las mulatas se colocan unos penes de esos llamados consoladores, de cierta dimensión y empiecan a metérselos por el culo lo que al principio era un poco doloroso para ellos pero con tanta vaselina logran metérselos hasta el fondo y, como si fueran hombres, las mulatas con esos miembros artificiales asumen el rol de hombres y se los cogen por el culo.
Las esposas, ahora sí sorprendidas, ven como sus machos son cogidos por las mulatas. Mientras esto ocurre hacen su aparición los cuatros hombres que no necesitaban de nada artificial porque superaban lo artificial. Igualmente los hombres empiecan a regarles vaselina desde la cadera atrás, pasando por entre las piernas hasta el coño y llenándolas de bastante vaselina y haciéndoles una especie de masaje para suavizar lo que les esperaba a las muchachas otra vez.
Las chicas esposas miraban a sus esposos y ellos miraban como se cogían a sus esposas esos cuatro hombres, quienes no tardaban mucho en lograr que sus jóvenes esposas empezaran a gritar de placer, y el solo hecho de verles el brillo en los ojos de placer los excitaba aún más y en una posición incómoda porque mientras sus esposas se las cogían los cuatros hombres ellos eran cogidos por las mulatas.
Después que sus esposas estaban casi desmayadas de la tremenda cogida, ahora las mulatas venían con sus miembros artificiales a cogerse a Susana y a Raquel, pero por el culo, y para la sorpresa de ellos ahora los cuatro vernáculos con sus vergas de 25 cm de largo por 2 cm de ancho, venían a cogerse a Roberto y a Simón. Las esposas veían a sus esposos y como los descomunales agarraban a sus esposos ingenieros y les metían soberanos penes sin compasión hasta las entrañas. Pero ya a esta altura ya no pensaban nada, sólo se limitaban a sentir las sensaciones del sexo no planificado.
Después de aquella agotadora tarea sexual, fueron dormidos. Y al despertar se encontraron sorprendidos de estar totalmente desnudos pero los habían colocados equivocadamente a Simón con Raquel y a Roberto con Susana completamente desnudos, vacilaron por un buen espacio de tiempo como recordando las tremendas cogidas que le habían hecho, ahora viviendo el presente Roberto miraba a Susana la novia con las cuales había tenido deseos reprimidos e igualmente Simón miraba de igual manera a Raquel ambos amigos se miraron y consintiendo el permiso dijeron mentalmente “¿Qué es una raya más para un tigre?”.
Así que Roberto se cogió con todas sus ganas a Susana y recíprocamente Simón le hecho tremenda cocida a Raquel.
Ahora cuando se vuelvan a ver Roberto y Simón tendrán una experiencia que contar para el resto de sus vidas.
Historia escrita por William R.
3 de Septiembre 2001
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