Carta de Gateta

Una buena compra

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Creo haber hecho una buena compra. Parece que la  empuñadura dará juego. La  primera vez fue por pura  casualidad, pero ya sabéis aquello de "las casualidades no  existen", así que también podría tomármelo como una  revelación. Fui al lavabo y no encontré lo que buscaba. Era una  de esas muchas tardes en que me sentía sola, por decisión  propia pero sola. Podría haber llamado a cualquiera de mis  amigos o amigas que no trabajaban, pero no tenía ganas de  arreglarme, de coger el teléfono y mucho menos de hacer buena  cara cuando no me apetecía. A lo que iba. No encontré mi  potecito, así que tuve que buscar un substituto y por casualidad  di con ella, la brocha de maquillaje. Bien, una de ellas, porque  las otras 2 en aquel momento me parecieron demasiado  pequeñas. Nunca había caído en la cuenta de lo versátil que  podía ser una parte suave y ligera que proporcionaba caricias y  pequeños estremecimientos, como una pluma; y la otra parte  alargada y dura, para poder sujetarla bien con una mano, con el  extremo un poco más grande que el resto.

Me fui a la habitación. Me refugié bajo las sábanas. "Cuando  entré en calor ya las apartaré" pensé. Apagué todas las luces  excepto la que queda al fondo medio oculta entre el montón de  ropa que se amontona a lo largo de la semana. Comencé a  pasar aquellos suaves pelos de la brocha por mi cara, iban  saltando una leve estela de polvitos brillantes de la última vez  que lo había usado. Mis párpados, mis labios, mi cuello, un  recorrido lento en  consonancia con la levedad de aquella  brocha, dulce. Me puse el mango en la boca y jugué con el, como si fuera una dura lengua que más tarde se convirtió en un pene, con su glande duro y mojado de mi saliva. Comencé a  recorrer mi torso con ella, pero era difícil maniobrar con la  camiseta puesta, así que me desprendí de ella. Mis pezones ya  estaban duros, pero sólo acababa de empezar el juego.

Me acaricié la parte interna del brazo derecho, pasé de largo mi  pecho y me dirigí directamente a la cintura (zona estratégica de  mi anatomía)y de ahí al ombligo donde me entretuve un ratito  para después repetir la operación en sentido inverso, la cintura,  mi pecho izquierdo, mi brazo, el cuello... y volver a dibujar  círculos alrededor de mis tetas, pequeños espirales que  acababan siempre en un turgente pezón que parecía querer ser  la parte más elevada de mi cuerpo. Con una mano continué  jugando con la brocha y mi torso, mientras con la otra  acariciaba y pellizcaba mis pezones. Después vinieron mis  muslos, cuando me acercaba a las inglés sentía derramar mis  fluidos en las braguitas. Pasé por debajo de la goma que las  sujetaba a mi sexo y presioné primero con delicadeza y después  con fuerza mi pubis y mi clítoris con ella. Era difícil llegar a mi  vagina por lo que decidí quedarme del todo desnuda y apartar  de una vez las sábanas. Ya no tenía frío. El contacto de los  pelitos de Mi Brocha ya no era suave, se habían mojado con los  jugos de chochito y ahora parecían una lengua, caliente y sedosa  recorriendo todo mi sexo, de arriba abajo. Manteniendo aquella  "lengua" sobre mi perlita deslicé el mango hacia la vagina. Ahora  Mi Brocha era una lengua unida a una polla, ¿os lo podéis  creer? aquello si era un descubrimiento. Casi sin quererlo, pero  si deseándolo, aquella polla entró en mi túnel. Me di la vuelta y  boca abajo comencé a moverme para sentirla mejor, al fin y al  cabo es una brocha, por lo que le faltaba algo de tamaño.

Subí, bajé y di vueltas en circulo. Unas veces rápido, otras  lentamente. Y una vez cogido el ritmo no tardé demasiado en  correrme. Pude sentir aquel latigazo de placer, el estiramiento de  todos mis músculos y reprimí el impulso de gritar. Los vecinos  no tiene porque enterarse de todo. Ahora tengo una bonita  colección de brochas de maquillaje, he cambiado 4 veces de  tienda de cosméticos para no llamar la atención. Tengo grandes,  pequeñas, suaves, duras, con mango sin mango,... Hay algunas  que pueden combinarse entre ellas para llegar a más sitios.  También he descubierto que si antes le pones según que  maquillaje su olor y sabor son muy excitantes. Y cada vez que  alguien viene de visita a casa y me pregunta: "¿Para qué quieres  tantas brochas?" les respondo que cada uno colecciona lo que  quiere. ¿Verdad que vosotros me guardaréis el secreto?

Un Bso. Gateta.

¿Me escribes algo, tú también?

               
Alejandra@AlejandraGarcia.com

 

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