Carta erótica de Francisco, Perú:

LA CONCHITA DE LA UNIVERSITARIA

Soy peruano, y me gusta leer relatos eróticos en el internet, pues navegando me encontré con tu web y me he quedado impresionado por tus relatos que suelen parecer muy reales, pues como vi tu dirección me anime en escribir por primera vez un relato que siempre he llevado con ganas de hacer, te lo voy a escribir muy criollamente como se dice acá en Perú, espero te guste y si gano un DVD, espero me cumplas.

Bueno, todo empezó cuando postulé a la universidad. Ahí llegan chicos y chicas de todos lados, pues unas bonitas otras feas y unas con un cuerpo que para qué te digo. Si sólo con la mirada ya las estoy desnudando y me imagino haciendo sexo con ellas, como pudiera comérmelas a todas me sentiría satisfecho, pero en fin éso es otra historia, pues como todos los años los primeros días realmente sirven para conocerse y hacer amistad con chicos y chicas, así pues pasó en la facultad de Matemáticas.

Recién empezábamos nuestra amistad con cuatro chicas y cuatro chicos. Era una nueva experiencia para mí, puesto que soy más mayor que todos, soy ingeniero y tengo mi negocio pero igual comparto mucho su época de adolescencia. Nos hicimos buenos amigos todos, pues por lo general las chicas, Patty, María, Carmen y CECI acudían con más frecuencia a mi oficina ya que para los trabajos yo les ayudaba mucho en mi computadora. Tenía el internet a disposición y a ellas les encantaba.

Pero yo empecé a salir con Carmen, ella era una chica madura muy centrada pero con un pecho tan rico que sólo recordar ya me he dado mi primer orgasmo aquí solo. Salimos dos semanas y a la tercera ya la tenía en mi cama.

Soliamos hacer el amor en la bañera, era el sitio en que más le gustaba, pero algo sí dejó claro: Nunca pude comerme su rico culito.

Era un anito tan pequeñito que creo que nunca había entrado ni siquiera un dedito de ella misma, y eso me volvía loco cada vez que hacíamos el amor. Pasaron varios meses y llegó una fiesta que la organizaba la universidad como bienvenida a los cachimbos, así se les dice a los que ingresan recién a la universidad. Bueno, habíamos acordado en que yo pasaría recogiendo a todas las chicas en mi auto y nos reuniríamos en el local. Para eso pasé primero recogiendo a Patty, pues era mi enamorada, y luego pasamos recogiendo a las demás pero nos dimos con una sorpresa: María había salido de compras y aún no regresaba. Yo me imaginaba con qué ropa iría a salir, pues me gustaba porque tenía todo su cuerpo perfecto. Yo alucinaba besándole y mamándole los pechos. Su culito era tan redondito que estaba dispuesto a todo.

Ese día yo sabía que esa noche me saldría con cualquiera de ellas como sea, pero ansiaba más salirme con María. Era perfecta para la ocasión, pues como no querían esperarla les propuse ir a dejarlas y luego regresaría más tarde por ella. Yo sabía que ella había planeado todo para que yo regresara más tarde a recorgela solo. Creo que yo también le gustaba, porque siempre querían andar conmigo y cuando salía con Patty siempre se molestaba.

En fin, llegamos al lugar de la fiesta, entramos, nos instalamos en el local. Había mucha gente y ya la fiesta empezaba y les dije que iría a ver a maría.

Así es que partí hasta su casa que, por cierto, era un poco retirada. En fin, tenía la esperanza de que no me arrepentiría. Llegué a su casa y pregunté por ella. Me hicieron esperar y de pronto ¡Plashhh! ¡Qué sorpresa! María se había vestido de un manera increíble.

Yo disimulé y me levanté, me despedí de sus papás y salimos. Por el camino me preguntó que si estaba bien arreglada. Yo le contesté que me sentía muy bien porque parecía que iba con una princesa. A ella le gustó y me dijo "Antes de ir a la fiesta quiero tomar algo para relajarme."

Por suerte yo había dejado una botella de vino en mi oficina y decidí pasar por allí. Llegamos y subimos hasta el tercer piso del edificio, que es donde queda mi oficina, entramos y ella se quedó mirándome, como llamándome hasta ella. Pues estuve mirándola por largo rato y no podía salir del asombro pues se había puesto una blusita de tirantes pequeñita que fácilmente podía ver todo su ombligo, pero más impresionante era su minifalda que llevaba.

Era tan excitante porque era casi transparente y debajo de ella sólo cubría su cuerpo una tanguita pequeñita porque apenas se notaba los tirnantitos que se ajustaban a su pequeña cintura. No pude soportar más y nos abalanzamos uno al otro. Yo corrí y comencé a besarla por todas partes y con mis manos acariciaba ese hermoso trasero que invitaba a una larga pasión. Comencé quitándole la blusita que no demoré mucho quedando así al descubierto esos hermosos pechos rosados y redondos con unos pezones tan pequeños que se resbalan cuando me los metía a la boca. Poco a poco sentía que mi herramienta rompía mi ropa casi por salirse. Ella lo notó y rápido desabotonó mis pantalones y me los quito. Qué asombro para ella cuando vio mi herramienta, tan dura como pata de mesa, estaba a punto de estallar y rápido se la metió a la boca y comenzó su gozo. Entraba y salía de su boca y parecía que era mentira para ella tener mi pene entre sus manos. Era tan grueso que no cabía en una sola mano así es que se apoyaba con las dos y se lo metía en su boquita, cuando de pronto no aguanté más y dejé salir tremendo chorro de leche que se esparció por toda su boca. Casi no vi como hizo pero ella se tragó toda la leche que le había chorreado por su cara y agradecida siguió desvistiéndome, pues ahora me pedía que la cogiera toda.

Bote todos las cosa que habían en el escritorio y la levanté; le quité poco a poco su tanguita, pero para eso mi herramienta ya estaba arriba nuevamente. Era un polvazo que nunca había sentido. Ubiqué mi pene en la entrada de su conchita y la penetré, y al mismo tiempo espiró un grito de dolor y satisfacción. Nunca la habían penetrado, me dijo, y tenía idea que lo hermoso que había sido, no sentía el dolor sino la satisfacción de tener mi herramienta metida dentro de su conchita.

Hicimos el amor como tres veces más y por último decidimos bañarnos e incorporarnos a la fiesta que seguro nos estaba esperando.

Después continuaron más aventuras, pero eso será en otra ocasión.

Francisco (Perú)

3 de Septiembre 2001

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