Carta de J.

Escolta de una abogada

¿Cómo estás? Espero que muy bien, solo quería saludarte y  decirte que me encanta tu pagina, soy COLOMBIANO, tengo  27 años y adoro la literatura erótica.

Bueno te prometí una historia, aquí va:

Hace nueve años había terminado con mis estudios secundarios,  y comencé a prestar mi servicio militar, lo hice en la policía de  mi país, y gracias a este uniforme me volví muy popular con las  peladas, cosa que no pensé fuera posible hasta que lo viví en  carne propia.

Para no hacer largo el cuento, estando en esta función, un día fui  asignado como escolta de una abogada que había sido  amenazada y nosotros como policías debíamos protegerla.

Cuando llegué a su despacho, descubrí que era una mujer bella  de 28 años, cabello castaño no muy largo, y con las piernas más  hermosas que he visto en mi vida. Me acerqué a ella y me  presenté explicándole mi asignación y el motivo de mi presencia  en su oficina. Gracias al entrenamiento por el que tuve que  pasar, me encontraba en muy buen estado físico, cosa que mi  uniforme realzaba. Ella me miró; con unos ojos que nunca he  vuelto a ver en mi vida, unos ojos verdes claros, que resaltaban   muchísimo sobre su piel morena; y me explicó que tenia mucho  trabajo, que lo más posible era que trabajaría hasta muy tarde.  Yo le dije que no había problema, que mi misión era estar junto  a ella hasta que me relevaran, cosa que no pasaría sino hasta el  día siguiente.

Más o menos a eso de las seis de la tarde, Andrea, que así se  llama la abogada, me pidió el favor de que cerrara la oficina, lo  que hice sin preguntar. Cuando finalicé, la encontré sentada al  frente de su escritorio, moviendo la cabeza, por lo que le  pregunté que si no le gustaría un pequeño masaje en los  hombros para relajarse, a lo que ella respondió que era buena  idea.

Me acerqué a ella y puse mis manos en sus hombros, por  encima de la blusa y comencé a darle un masaje suave, mientras  mis ojos disfrutaban del escote que  formaba su blusa,  imaginando como serian esos hermosos senos que yacían allí  escondidos. Pasado un rato, mi imaginación había superado los  limites y estaba soñando despierto con ella, lo que provocó que  aquel simple masaje se convirtiera en una presión más sensual  de mis dedos en su cuerpo, y de mis dedos intentando tocar su  piel, lo que involuntariamente fue excitando a mi abogada.

Cuando menos lo pensé ella me habló, preguntándome en que  pensaba y yo le contesté que en lo suave que era su piel y lo  mucho que me gustaba el estar masajeándola, a lo que ella me  preguntó, que fuera de sus hombros, qué otra parte de su  cuerpo me gustaría poder tocar, pensé en lo que más cerca me  quedaba y le contesté que los senos. Ella sin pensarlo siquiera,  se desabotonó la blusa, luego el sostén y me dijo que porqué no  lo hacía. Yo ni corto ni perezoso empecé a acariciar ese  hermoso par de colinas, con las que minutos atrás había estado  soñando. Empezando por los costados y olvidando el pezón,  esperando a que estos se pusieran duros, mi abogada comenzó  a respirar más rápido y a suspirar, por lo que noté que ya estaba  excitada, así que comencé a pellizcar suavemente sus pezones, a  lo que ella respondió con un gemido. Me puse delante de ella, y  sin alejar mis manos de sus senos comencé a besar esos dulces  labios, que nunca pensé que pudieran ser míos, nuestras lenguas  se entrelazaron en una danza de pasión y deseo, haciendo que  mi pene se pusiera duro y creciera, cosa que ella notó y me  agradeció abriendo las piernas.

Dejando una de mis manos en sus senos, bajé la otra para  poder acariciar un culito no muy grande, pero sí durito y  hermoso. Luego apreté ese culito obligándola a ponerse de pie  sin apartar mis labios de los de ella, la mano que tenía en su culo  la pasé para adelante, subiéndole la minifalda y tocando una  tanga que se encontraba ya súper mojada por la excitación. Ella  en un segundo me desprendió del uniforme, dejando toda mi  desnudes frente de ella, y mientras me miraba, se desprendió de  lo poco de ropa que aun le quedaba, para luego tirárseme  encima y volverme a besar con pasión.

Yo abandoné sus labios, y comencé a besar su cuello  lentamente, para pasar luego a los senos y continuar con los  pezones, mordiéndolos lentamente, seguí bajando e introduje mi  lengua en su ombligo, haciéndola temblar en mis brazos.  Finalmente llegué a ese chochito que tantas ganas tenía de ver y  empecé a comérmelo con pasión, besándolo por todas partes y  recorriendo todos sus rincones con mi lengua, para luego  emprender una pelea desenfrenada de mi lengua con su clítoris,  a lo que ella respondió apretando mi cabeza fuertemente a su  chocho, jalándome de los cabellos y gritando de placer.  Después de proporcionarle tres orgasmos y haber satisfecho mi  apetito con su chocho, mis labios volvieron a los suyos, dándole  a probar sus propios jugos. Mi pene estaba a punto de estallar,  así que la penetré, primero jugando un poco con la cabeza de mi  aparato contra su clítoris, hasta que ella loca de excitación y sin  poderse contener más me suplicó que le hiciera el AMOR, a lo  que yo respondí introduciendo mi pene en su chocha y  comenzando ese mete saca infinito. Ella logró tener otro  orgasmo antes de que yo me viniera por primera vez, y luego  tuvimos dos más juntos.

Después nos vestimos y nos fuimos para su casa, donde hicimos  el AMOR de nuevo antes de dormir. Duramos saliendo 6  meses, haciendo hasta p’a vender, pero eso ya es otra historia.

Bueno Rocío, espero que te haya gustado, es mi primera vez  haciendo este tipo de relatos, así que espero no haberlo hecho  tan mal, espero tu respuesta.

Un beso.

J.

 

24 de Octubre 2001

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