Carta de Josue

Mi primera vez

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Estudiaba en tercer año de carrera. En mi salón había una  linda chica, medía aproximadamente 1.68 cm, clara de piel, ojos  aceitunados, unos pechos redondos y firmes, una cintura muy  delgada y unas nalgas impresionantemente paradas y redondas.

Íbamos juntos a clase de informática, las cuales eran mis  favoritas. Un día el profesor nos citó en la tarde en la escuela, la  cual estaba algo desierta por lo mismo de que sólo daban clase  en las mañanas. Nos explicó que teníamos que enseñarles a los  demás compañeros que todavía no sabían nada sobre el tema.  Mientras discutíamos el tema, sonó el celular del profesor quien  nos dice que siguiéramos haciendo la lista de los compañeros  que necesitaban ayuda.

Al salir, cerró con llave y nos dijo que nos quedáramos adentro  hasta que él llegara, y que nos dejaba bajo llave por nuestra  propia seguridad ya que la escuela se encontraba algo retirada y  que alguien podría entrar y hacernos algo. No teníamos ningún  inconveniente con esto.

Pasaron aproximadamente 15 minutos, ella estaba en su  computadora y yo en la mía cuando me miró y me dijo con las  mismas palabras que aun recuerdo.

"Voy a enseñarte algo que nunca olvidarás." Aquellas palabras  se me quedaron grabadas. No me imaginaba que aquello que  me dijo fuera lo que ella se dispuso a hacer.

Bajó sus manos hasta que tocaron sus piernas. Poco a poco se  fue retirando su falda hasta la altura de la ingle y dejó al descubierto sus muslos. Sólo de verlo me produjo una erección  inmediata. Empezó a tocarse los muslos con movimientos  circulares y terminó de arrastrar su falda hasta que dejó al  descubierto sus bragas. Eran también negras. Ella me dijo que  me acercara y así hice. Me acerqué con mi silla hasta el borde  de la mesa y ella apoyó sus piernas en el asiento en el que yo  estaba. Tenía delante de mí todo su precioso tesoro. Eso sí, de  momento sólo podía mirarlo ya que intenté tocarlo y ella me  retiró la mano.

Ella siguió con el juego y deslizó su mano hasta su vagina.  Introdujo un dedo por las bragas y empezó a masturbarse. Su  dedo iba abriendo sus labios vaginales. Aquello era digno de  ver. Mi pene no sabía hacia dónde expandirse. Después de  tocarse, me dijo que le quitara las bragas. Se las quité y ella  siguió masturbándose. Esta vez más rápido. Podía ver cómo su  clítoris estaba duro y cómo se lo tocaba. Su respiración se hizo  más profunda. A la vez que hacía esto, con la otra mano se  tocaba los pechos. Sus pezones se pusieron más duros todavía.

Sin darme cuenta, ella llegó al primer orgasmo. Me miró y me  preguntó que si me había gustado. Yo asentí y me dijo que  siguiera. Acerqué mi mano a su sexo y noté que estaba muy  húmedo. La empecé a masturbar, a lo que ella respondió con un  gemido. Sus labios estaban dilatados por el movimiento que  habían sufrido anteriormente. Yo jugueteaba con ellos y con su  clítoris. Ella disfrutaba.

Paré de masturbarla y la cogí por la cintura. La acerqué hasta  que su sexo rozaba mi cara. Ella me miró pero no me dijo nada.  La empujé hacia atrás y ella se tumbó sobre la mesa. Empecé a  lamerle el clítoris mientras le introducía un dedo por su vagina.  Ella movía sus caderas hacia arriba y abajo como si la estuvieran  penetrando. Aumenté el ritmo de mi lengua lo que le produjo el  segundo orgasmo. Le estaba haciendo el amor con mi lengua.

Después de aquello, ella se levantó y se quitó el polo. Sus  pechos pedían ser tocados y no se hizo esperar. Mis manos  fueron directamente a ellos. Le quité el sujetador como si de un  profesional se tratase y abarqué sus dos senos con ambas  manos. Eran una delicia. Sus pezones se trababan entre mis  dedos y eso le gustaba. Pasé de tocarlos a besarlos. Mi lengua  recorría aquellos morenos pezones.

Me cansé de chuparlos y decidí que ya era hora de darle rienda  suelta a mi órgano, ya que había permanecido erecto desde el  primer momento y no había podido participar.

La levanté de la mesa y la puse de pié. Terminé de quitarle la  poca ropa que le quedaba para hacer lo mismo con la mía.  Nada más quitarme los pantalones, mi  pene resaltaba como un  lingote de oro en una mina de carbón. Me levanté de la silla para  cambiarme de postura, ya que había permanecido sentado a  horcajadas desde el primer momento. Me volví a sentar, pero  esta vez en la postura correcta. Ella estaba delante de mí,  observando cómo estaba de erecto mi miembro. No hizo ningún  comentario, sólo levantó las cejas ante tal evento.

La cogí de las manos y tiré de ellas suavemente hacia abajo. Ella  interpretó a la perfección lo que yo la estaba sugiriendo. Se  arrodilló delante de mi y se metió mi pene en la boca. Yo sentí  algo que nunca había experimentado hasta entonces y pensé que  realmente no me estaba ocurriendo. La verdad era que sí.  Aquello era real.

Ella se lo metía una y otra vez, dándose de vez en cuando un  respiro pero sin dejar de tocarlo. En los momentos que paraba,  su mano se activaba y seguía masturbándome. Su lengua  recorría desde glande hasta testículos. Cada vez que lo  chupaba, un sudor frío recorría mi cuerpo. Era un placer  indescriptible. En sus movimientos por querer sacar mi semen,  noté cómo estaba a punto de correrme. Pensé en parar, pero el  placer era tan grande que decidí darle el premio que se estaba  mereciendo. Le susurré que fuera más deprisa y ella así lo hizo.  En ese momento llegó mi orgasmo que llenó su garganta de mi  líquido blanco y amargo. Ella lo tragó íntegro y rebanó todo  resto que quedara en mi pene. Me miró y me dijo que al fin le  había dado lo que ella quería.

Sin dar tiempo a que mi pene perdiera su erección, la levanté y  le dije que se pusiera encima de mí. Ella se plantó delante de mí  y se fue agachando hasta que mi pene tocó con la abertura de su  sexo. Agarré mi pene y antes de penetrarla, mi glande acarició  su clítoris, cosa que a ella casi le produjo el orgasmo. Me fui  abriendo camino entre sus labios humedecidos y ella terminó por  sentarse mirando hacia mí. Mi pene entró en su totalidad y ella  era la que marcaba el ritmo. Sus pechos se movían al compás  de sus movimientos. Al mismo tiempo que la penetraba, mi  mano acariciaba su dilatado clítoris. Esto le produjo mayor  placer. Ella se agarraba del respaldo de la silla y hacía presión  para que todo mi pene inundara su vagina. Empezó a aumentar  el ritmo y cada vez se iba levantando más, ya que sus piernas  estaban apoyadas en el suelo.  Mi pene prácticamente salía  entero y se volvía a introducir. Hubo un momento en el que se  paró, para que con mi pene dentro de ella, hiciera círculos con  su cadera. Fue algo impresiónate. En ese momento noté cómo  llegaba mi segundo orgasmo. Mi respiración y tensión aumentó  cosa que ella notó. Justo cuando me corrí, ella lo hizo también y  culminamos los dos con un gran gemido. Ella se levantó y quedó  al descubierto mi miembro aún con restos de flujo vaginal y  semen. Ella se volvió a agachar para terminar de saborear lo que  anteriormente le había ofrecido.

Una vez hecho esto, cogió su ropa y se la puso. Me miró con  dulzura, me besó y me dijo que había hecho el amor como nadie lo había hecho jamás con alguien. Nos dispusimos a terminar el  trabajo.

Esa es la historia de mi primera vez, creo que desde ese  momento sabía que en mi vida habría un cambio que me haría  descubrir el valor del sexo.

Espero que les haya gustado...

Les tendré más relatos míos pronto

Josue

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