Carta de Josue
Mi primera vez
Mándame tus experiencias y cartas eróticas. Regalo una película porno a la mejor carta de cada semana!!!
Estudiaba en tercer año de carrera. En mi salón había una linda chica, medía aproximadamente 1.68 cm, clara de piel, ojos aceitunados, unos pechos redondos y firmes, una cintura muy delgada y unas nalgas impresionantemente paradas y redondas.
Íbamos juntos a clase de informática, las cuales eran mis favoritas. Un día el profesor nos citó en la tarde en la escuela, la cual estaba algo desierta por lo mismo de que sólo daban clase en las mañanas. Nos explicó que teníamos que enseñarles a los demás compañeros que todavía no sabían nada sobre el tema. Mientras discutíamos el tema, sonó el celular del profesor quien nos dice que siguiéramos haciendo la lista de los compañeros que necesitaban ayuda.
Al salir, cerró con llave y nos dijo que nos quedáramos adentro hasta que él llegara, y que nos dejaba bajo llave por nuestra propia seguridad ya que la escuela se encontraba algo retirada y que alguien podría entrar y hacernos algo. No teníamos ningún inconveniente con esto.
Pasaron aproximadamente 15 minutos, ella estaba en su computadora y yo en la mía cuando me miró y me dijo con las mismas palabras que aun recuerdo.
"Voy a enseñarte algo que nunca olvidarás." Aquellas palabras se me quedaron grabadas. No me imaginaba que aquello que me dijo fuera lo que ella se dispuso a hacer.
Bajó sus manos hasta que tocaron sus piernas. Poco a poco se fue retirando su falda hasta la altura de la ingle y dejó al descubierto sus muslos. Sólo de verlo me produjo una erección inmediata. Empezó a tocarse los muslos con movimientos circulares y terminó de arrastrar su falda hasta que dejó al descubierto sus bragas. Eran también negras. Ella me dijo que me acercara y así hice. Me acerqué con mi silla hasta el borde de la mesa y ella apoyó sus piernas en el asiento en el que yo estaba. Tenía delante de mí todo su precioso tesoro. Eso sí, de momento sólo podía mirarlo ya que intenté tocarlo y ella me retiró la mano.
Ella siguió con el juego y deslizó su mano hasta su vagina. Introdujo un dedo por las bragas y empezó a masturbarse. Su dedo iba abriendo sus labios vaginales. Aquello era digno de ver. Mi pene no sabía hacia dónde expandirse. Después de tocarse, me dijo que le quitara las bragas. Se las quité y ella siguió masturbándose. Esta vez más rápido. Podía ver cómo su clítoris estaba duro y cómo se lo tocaba. Su respiración se hizo más profunda. A la vez que hacía esto, con la otra mano se tocaba los pechos. Sus pezones se pusieron más duros todavía.
Sin darme cuenta, ella llegó al primer orgasmo. Me miró y me preguntó que si me había gustado. Yo asentí y me dijo que siguiera. Acerqué mi mano a su sexo y noté que estaba muy húmedo. La empecé a masturbar, a lo que ella respondió con un gemido. Sus labios estaban dilatados por el movimiento que habían sufrido anteriormente. Yo jugueteaba con ellos y con su clítoris. Ella disfrutaba.
Paré de masturbarla y la cogí por la cintura. La acerqué hasta que su sexo rozaba mi cara. Ella me miró pero no me dijo nada. La empujé hacia atrás y ella se tumbó sobre la mesa. Empecé a lamerle el clítoris mientras le introducía un dedo por su vagina. Ella movía sus caderas hacia arriba y abajo como si la estuvieran penetrando. Aumenté el ritmo de mi lengua lo que le produjo el segundo orgasmo. Le estaba haciendo el amor con mi lengua.
Después de aquello, ella se levantó y se quitó el polo. Sus pechos pedían ser tocados y no se hizo esperar. Mis manos fueron directamente a ellos. Le quité el sujetador como si de un profesional se tratase y abarqué sus dos senos con ambas manos. Eran una delicia. Sus pezones se trababan entre mis dedos y eso le gustaba. Pasé de tocarlos a besarlos. Mi lengua recorría aquellos morenos pezones.
Me cansé de chuparlos y decidí que ya era hora de darle rienda suelta a mi órgano, ya que había permanecido erecto desde el primer momento y no había podido participar.
La levanté de la mesa y la puse de pié. Terminé de quitarle la poca ropa que le quedaba para hacer lo mismo con la mía. Nada más quitarme los pantalones, mi pene resaltaba como un lingote de oro en una mina de carbón. Me levanté de la silla para cambiarme de postura, ya que había permanecido sentado a horcajadas desde el primer momento. Me volví a sentar, pero esta vez en la postura correcta. Ella estaba delante de mí, observando cómo estaba de erecto mi miembro. No hizo ningún comentario, sólo levantó las cejas ante tal evento.
La cogí de las manos y tiré de ellas suavemente hacia abajo. Ella interpretó a la perfección lo que yo la estaba sugiriendo. Se arrodilló delante de mi y se metió mi pene en la boca. Yo sentí algo que nunca había experimentado hasta entonces y pensé que realmente no me estaba ocurriendo. La verdad era que sí. Aquello era real.
Ella se lo metía una y otra vez, dándose de vez en cuando un respiro pero sin dejar de tocarlo. En los momentos que paraba, su mano se activaba y seguía masturbándome. Su lengua recorría desde glande hasta testículos. Cada vez que lo chupaba, un sudor frío recorría mi cuerpo. Era un placer indescriptible. En sus movimientos por querer sacar mi semen, noté cómo estaba a punto de correrme. Pensé en parar, pero el placer era tan grande que decidí darle el premio que se estaba mereciendo. Le susurré que fuera más deprisa y ella así lo hizo. En ese momento llegó mi orgasmo que llenó su garganta de mi líquido blanco y amargo. Ella lo tragó íntegro y rebanó todo resto que quedara en mi pene. Me miró y me dijo que al fin le había dado lo que ella quería.
Sin dar tiempo a que mi pene perdiera su erección, la levanté y le dije que se pusiera encima de mí. Ella se plantó delante de mí y se fue agachando hasta que mi pene tocó con la abertura de su sexo. Agarré mi pene y antes de penetrarla, mi glande acarició su clítoris, cosa que a ella casi le produjo el orgasmo. Me fui abriendo camino entre sus labios humedecidos y ella terminó por sentarse mirando hacia mí. Mi pene entró en su totalidad y ella era la que marcaba el ritmo. Sus pechos se movían al compás de sus movimientos. Al mismo tiempo que la penetraba, mi mano acariciaba su dilatado clítoris. Esto le produjo mayor placer. Ella se agarraba del respaldo de la silla y hacía presión para que todo mi pene inundara su vagina. Empezó a aumentar el ritmo y cada vez se iba levantando más, ya que sus piernas estaban apoyadas en el suelo. Mi pene prácticamente salía entero y se volvía a introducir. Hubo un momento en el que se paró, para que con mi pene dentro de ella, hiciera círculos con su cadera. Fue algo impresiónate. En ese momento noté cómo llegaba mi segundo orgasmo. Mi respiración y tensión aumentó cosa que ella notó. Justo cuando me corrí, ella lo hizo también y culminamos los dos con un gran gemido. Ella se levantó y quedó al descubierto mi miembro aún con restos de flujo vaginal y semen. Ella se volvió a agachar para terminar de saborear lo que anteriormente le había ofrecido.
Una vez hecho esto, cogió su ropa y se la puso. Me miró con dulzura, me besó y me dijo que había hecho el amor como nadie lo había hecho jamás con alguien. Nos dispusimos a terminar el trabajo.
Esa es la historia de mi primera vez, creo que desde ese momento sabía que en mi vida habría un cambio que me haría descubrir el valor del sexo.
Espero que les haya gustado...
Les tendré más relatos míos pronto
Josue
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