Carta de Carola Maxim

CARTA PREMIADA con un DVD XXX!!!

Notas Nocturnas

Mándame tus experiencias y cartas eróticas. Regalo una película porno a la mejor carta de cada semana!!!

¡Hola Rocío!

Me divierte mucho leer las historias de tu Web y aquí te mando  otra que escribí el otro día

Era una noche agradable, de esas cuando el verano todavía no  quiere abandonar pero el otoño se acerca, acaricia el ambiente  con suaves ráfagas de viento. El metal de la chapa del coche era  liso y agradable, como si el metalizado del color rojo penetrara  por cada uno de los poros de la desnuda piel de sus muslos, al  apoyarlos contra el capó.

Ella dejaba que sus dedos jugaran, arremolinándole el pelo cortito en la nuca de él; absorbiendo el aroma fresco de su after- shave mientras la cercanía de su musculoso cuerpo se hacía  cada vez más presente.

Una noche de esas extrañas, que se crean como por arte de magia; fruto de la  combinación de imprescindibles acontecimientos, formando una sorprendente cadena erótica  capaz de unir dos individuos en uno de aquellos besos intensos,  interminables, que ella recordaba de otras noches; de otros  momentos mágicos; de otros hombres...

"Cínica, que eres una cínica", pensó, mientras dejaba que la  lengua del joven jugueteara con la suya. "Me tengo que ir", dijo  en voz apenas audible, separando sin muchas ganas los labios de los de él.

La hizo callar con otro beso, más fuerte, mientras ella dejó los pensamientos y los cinismos en suspense; dejándose llevar por  las fantasías; por el agradable cosquilleo... Besar así le evocaba  el recuerdo de otras muchas noches; de otros muchos besos; de otros cosquilleos; de algunos otros jóvenes... Besos con sabor a  furtivos; cuando todavía resonaban las campanas del colegio; con sabor a vacaciones escolares...

Antes de abrir la puerta del ascensor, las manos del joven ya  habían resuelto el enigma del cierre de su sujetador y ella, entre  risas, dejaba que la llave encontrara el cerrojo, más por intuición  que por concentración. La casa estaba como siempre silenciosa,  solitaria, con ese aire distraído y casi deshabitado que adquieren  las viviendas cuando una sola persona las frecuenta; como  senderos trazados por la soledad... Pero las sábanas estaban  frescas, todavía con las rectilíneas arrugas de la plancha y  ninguno de los dos quería perder el tiempo en preámbulos como  copas y música.

Piel contra piel; instinto animal en su más puro estado permitía  que los dos perdieran las inhibiciones; olvidándose de etiquetas  sociales ni conversaciones amables según el código invisible de  la vida. Ella, curiosa y divertida, experimentando aquel juego ya  casi olvidado, dejaba que sus labios recorrieran cada secreto  del bronceado cuerpo de su acompañante; sonriendo mientras  engullía su inquieto miembro como si todo aquello no fuera, al fin  y al cabo, más que una escena divertida de una comedia  televisiva. Sentía como las manos del joven actor moldeaba sus  ya generosas curvas y se dejó llevar por la pasión momentánea,  con ese agradable abandono de las cosas pasajeras; con el  dulzor del sexo por el sexo...

Nunca llegó a saber si el clímax fue real, soñado o una  alucinación provocada por la insistencia del despertador...

Carola Maxim

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