
Yo estudiaba en una escuela privada mixta, de esas donde hay muchos niños y niñas pijas (niñas de las que ya te hablaré). Yo siempre he sido un chico de ciencias y todo lo relacionado con la ciencia me ha gustado mucho. Hasta tal punto que las profesoras de ciencias tenían un encanto que otras profesoras no tenían, como la profesora de química, Miryam se llamaba, de 42 años, con un cuerpazo que me excitaba solo mirarla. Era mayor, pero aparte de alguna arruga en su cara, se mantenía joven y atractiva. Le gustaba vestir a la moda, como si fuera más joven y eso me ponía a cien. 1.62, delgadita, rubia, pechos perfectos (ni grandes ni pequeños) al igual que sus pezones. Culo, ya un poco grandecito debido a la edad, pero precioso. En fin, increíble. Pero me daba cuenta que era el único de la clase que la miraba así. Durante las clases no le quitaba la vista, me ponía a cien. Tenía una constante erección durante toda su clase y ella se daba cuenta que no le quitaba la vista. Pero le gustaba y se ponía más coqueta.
Yo siempre le caí bien y un día quedamos a la hora del patio para que me explicara cosas que no entendía. La sala estaba cerca de secretaría, donde no había ventanas ni nada. Iba con una minifalda y unas medias negras, estaba increíble. Fuimos después de comer a la sala, y allí empezamos a hablar de química. No podía parar de mirar a sus piernas y ella se daba cuenta. Con las piernas cruzadas, se daba cuenta de mi excitación y cambiaba la postura, podía notar como el ambiente se iba calentando y por fin llegó. Se quitó el jersey, y debajo llevaba una camiseta blanca, pero lo mejor de todo era que no llevaba sujetador. En esa sala hacía mucho calor, y se notaba que tenía los pezones duros y yo no podía quitarles la vista de encima. Ella se dio cuenta y se me acercó y me dijo al oído. "¿Seguimos con la química?" Yo no pude responder, no podía quitarle la vista, de sus pechos duros, de los pezones excitados, de sus piernas, ahora ya no cruzadas. Entonces se separó de mi y me dijo enfadada "¿Me dejarás de mirar?" Yo sudando y excitado no supe mas que decir "no puedo Miryam". Ella se quedó seria mirándome, me esperaba alguna reacción violenta, pero no fue así.
Se me acercó y sin poder remediarlo, la besé. Sin saber como, la tiré encima de la mesa y continué besándola como nunca había besado a nadie. Nuestros dos cuerpos excitados estaban encima de la mesa, mis manos empezaron a subirle la falda, tenía los muslos duros pero preciosos. Las medias le daban una excitación extraña al tema. Mientras nos seguíamos besando, ella me puso la mano en el paquete y poco tardó en sacar mi polla del pantalón. Me la acariciaba como nunca nadie lo había hecho; mi sorpresa fue cuando con la falda totalmente levantada, descubrí que no llevaba bragas. Noté como mi excitación llegaba a un punto inimaginable, cuando ella me hizo levantar y arrodillada en el suelo me empezó a lamer la polla. Era la primera mamada de mi vida y la más espectacular. No pude aguantar más y me corrí en su boca, no dejó nada de semen, se lo tragó todo. Pero mi pene seguía duro, quería más al igual que ella.
Ahora llegaba mi turno, tenía que correrse ella. La tumbé en la mesa y entre besos en la boca, bajando hacia sus pechos le iba tocando su húmedo coño, abierto y suave... Sus pezones estaban muy duros y cuando se los mordisqueaba emitía unos gemidos que me volvían loco. Decidí bajar hasta su precioso coño y suavemente empecé a lamerlo, luego sus labios y su clítoris excitado. Cada vez que pasaba por el clítoris, el volumen de su jadeo aumentaba. Me pidió que le metiera la lengua dentro y así lo hice, introduciéndola con suavidad y con movimientos pequeños noté como se corría en mi boca. Todos sus fluidos llenaban mi boca de placer, la besé para que sintiera ese placer conmigo y mientras la besaba encima de la mesa, le introduje mi polla en su coño y le tapé la boca para que no gritara, su excitación era muy grande al igual que la mía. Cuando estuvimos apunto de corrernos después de cambiar de postura varias veces, posturas que no sabia ni que existían, me pidió que parara. No sabía porque me lo decía, pero al ver que se estiraba encima de la mesa boca abajo lo entendí. No lo había hecho nunca, pero no me lo pensé dos veces. Si era lo que quería, se lo daba, porque lo que me estaba dando ella era más aun.
Puse mi glande en la abertura de su culo y empujando lentamente, fui introduciendo mi pene hasta el final. El dolor y placer que producía era inmenso. Sus nalgas prietas daban paso a ese pequeño orificio que estaba penetrando con tanto placer. Mi pene restó quieto en su interior varios segundos para dilatarlo bien y seguí sacándolo y metiéndolo hasta que los dos nos corrimos casi al mismo tiempo. Ella jadeaba fuertemente al no poder gritar, ya que secretaría estaba cerca. Pero entre jadeos me pidió que la llenara de leche, que no dejara ni una gota. Y así lo hice. Acabamos los dos en el suelo desnudos. Me miraba, yo hacía lo mismo. Acababa de tirarme a mi profesora de química, de 42 años. Pero había sido increíble. Me prometió que no se arrepentía de nada y que la edad no le había importado, que los jóvenes, si les enseñas como me enseñó ella, eran mucho mejor. Ese no fue el último polvo increíble con ella, hubieron más, y pronto se volverá a repetir, eso espero.
Al igual que he disfrutado con tu pagina espero que hagas igual tu con mi historia. Por cierto, me han encantado tus fotos, eres muy muy guapa, ojalá pudiera conocerte, aunque se que es muy difícil. Bueno, al menos espero que pongas más fotos tuyas en la pagina, y espero que disfrutes de mi historia.
Un Beso.
ÁLEX
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